El Real Madrid recupera el liderato de LaLiga luego de vencer en El Clásico al Barcelona gracias a los goles de Vinícius, un demonio durante todo el partido, y Mariano Díaz quien disputaba sus primeros minutos de la temporada (2-0).

Tras un primer tiempo contenido, gobernado por el Barça, se desató enganchado a Vinícius y se llevó un partido emotivo, de los que invierten tendencias. Marcó el brasileño, ayudado en su remate por Piqué, y sentenció Mariano, un especialista en alborotar los últimos minutos. El Madrid vuelve a ser líder, conquista la diferencia de goles y recupera toda la confianza que ahora falta en el Barça, entregado al final.

Zidane y Setién plantearon el Clásico recurriendo a sus viejas fortalezas. El francés apostó por Marcelo para dañar al Barça y el exténico del Betis escogió a Alba, pese a estar recién salido de lesión, y Arturo Vidal como apoyo para los puntas y los volantes para ganar la batalla en el centro del campo. Y como suele ocurrir en los últimos años, los azulgranas se sintieron a gusto en el Bernabéu.

Ocurre que al Real Madrid de las últimas semanas se le ve ‘chato’ en las áreas. Por eso repliega tan cerca de su portero, y por eso se atropella cuando se acerca al territorio enemigo. Después de los minutos de tanteo, Marcelo abrió las hostilidades entrando por su costado en superioridad, pero en lugar de retrasar a Isco, solo, buscó a Benzema. La respuesta del Barça fue inmediata, en una internada de Alba con el centro atrás que normalmente pesca Messi y esta vez encontró a Griezmann. Zurdazo alto.

Fue la primera ocasión clara y el síntoma de que el Barça tenía más argumentos para hacer daño. Lo Intentó Vinícius de todas las maneras posibles, pero cuando no le taponaba Semedo se enredaba en el regate o centraba al único lugar donde no había compañeros. Inofensivo.

El Barça ganó peso en el partido gracias a sus larguísimas secuencias de pase. Esa posesión le permitió encontrar la espalda a los sospechosos habituales. Busquets, enorme en el eje, picó una pelota para la diagonal desde la derecha de Messi, que se plantó solo. Sacó Courtois. Arthur también aprovechó la subida de Carvajal para escaparse por el interior zurdo, aguantar la carga de Kroos y forzar el mano a mano. Paradón de Courtois. De no ser por el belga, el Barça se habría ido a la pausa con ventaja.

Zidane ordenó dar un paso adelante, especialmente a los laterales, en el segundo tiempo. Ahí tuvo el Madrid el partido con tres ocasiones espléndidas. Isco desde la derecha tiró una rosquita a la escuadra que sacó Ter Stegen con una mano prodigiosa. Donde no llegó la manopla del meta de Moenchengladbach apareció Piqué para sacar bajo palos un cabezazo de Isco, tras una acción notable de Carvajal. Idéntico protagonista en la tercera de la serie, un robo en línea de medios que llevó a ‘Carva’ hasta la frontal, picó al segundo palo y Benzema, solo, cabeceó alto. Cuando no quiere enartar, no entra.

Todo el caudal de juego del primer tiempo del Barça se esfumó por la agresiva presión blanca. Setién intervino retirando a Vidal, que se fue rezongando. Entró Braithwaite y en la primera carrera se escapó de Marcelo. Su remate, forzado, lo salvó Varane. Cosas del fútbol, el movimiento táctico que parecía dar la ventaja al Barça abrió el espacio para el gol del Madrid. Kroos templó en el costado izquierdo, pisó la bola, levantó la ceja y abrió un boquete a la espalda de Braithwaite, en posición de lateral. Vinícius se fue esta vez a portería y remató con fe, la justa y necesaria para que el desvío de Piqué sorprendiese a Ter Stegen. Por insistencia, nadie lo merece más que el amazónico.

El gol convirtió el Bernabéu en un manicomio. La presión desbocada del Real Madrid tan pronto llevaba a Carvajal a la zona del 9 como aparecía Piqué de extremo derecho. La pesadilla de cualquier entrenador. Zidane retiró a Isco, desfondado, y entró Modric para asegurar el control, pero el partido estaba desbocado. En pleno desajuste, Messi recibió para irse solo y encarar a Courtois, pero se atascó en el control y Marcelo le quitó la pelota. Lo celebró como un gol.

Pudo aumentar la cuenta el Madrid, y pudo empatar el Barça en un cabezazo de Piqué. Aún quedaba una última sorpresa. Mariano, novedad en la convocatoria por Jovic, aprovechó los cuatro minutos residuales para hacer estallar el Bernabéu. Controló en la izquierda, se fue al área, esperó la llegada de compañeros y sorprendió a Ter Stegen. La grada, tantos años sometida por las correrías de Messi, festejó como se merece el liderato blanco. El Barça dimitió en un segundo tiempo horrible y cedió el primer puesto con toda justicia.

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